Editar un libro es una tarea ardua y cuesta arriba Editar es conseguir la atención de una editorial y a partir de ahí trabajar en equipo con un grupo de personas a los que hay que, ante todo, venderles la idea del libro. Este grupo de personas, encabezado por el editor, se encargará de convertir el manuscrito en una obra publicada, con el consiguiente intercambio de ideas, palabras –buenas y de las otras-, mails y cafés.

Así las cosas, aquella idea original, de tanto repetirla, se convierte en un desafío para el hastío del autor y una deuda para las promesas del editor.

¿Qué tiene de bueno la edición? ¿Por qué entonces es tan significativo aquello de plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro? En primer término vale observar que dice “escribir” y no “editar”. Y en segundo, porque concluir la tarea de edición y ver aquel sueño/proyecto hecho realidad, no tiene descripción… y sólo aquellos que tenemos la satisfacción de hacer lo que nos gusta, sabemos de la emoción y de la alegría del autor frente a su trabajo publicado.

Cuando un autor decide dar a conocer su obra a través de la publicación, ya ha superado sus propios fantasmas auto-críticos y sabe o siente que tiene algo que decir. Y es por eso que se juega a editar, a pesar de todos los no que pueda encontrar en el camino.

Es cierto que hay muchos y muy buenos libros. Pero también es cierto que hay muchos y muy buenos autores. Con respecto a los muchos y muy buenos editores, nos reservamos el derecho de la duda… pero dejamos la puerta abierta para que la dupla autor-editor comience a trabajar.